Es tiempo de reforzar la sanidad pública

El pasaporte Covid es una cortina de humo para ocultar la vergonzosa gestión de la pandemia y el lamentable estado de la sanidad pública.

Ha pasado un año y medio desde que el Covid llegó a nuestro país. Al principio, las principales autoridades públicas nos dijeron que estábamos preparados, pero el desarrollo de la pandemia dejó en evidencia la falsedad de esa afirmación. Las políticas neoliberales aplicadas durante décadas han producido graves consecuencias en los diferentes servicios de sanidad públicas (porque además de un país negado, también somos un pueblo dividido). Cuando no se invierte o educa en sanidad, cuando no se forma y contrata al personal sanitario, poco a poco se va reduciendo, precarizando y, en general, derribando el servicio público que es un derecho fundamental de la ciudadanía.

 

La pandemia puso de manifiesto inmediatamente la crisis sanitaria. Y en nuestro caso, las autoridades competentes en materia de sanidad han estado improvisando anteayer, ayer, y si no lo evitamos, también a partir de mañana. En esa improvisación, la primera decisión ha sido quitarse de encima la responsabilidad e individualizarla, es decir, actuar como si la lamentable situación de la sanidad pública no fuera de su incumbencia, como si los recortes constantes no hubieran sido su decisión política, achacando la pésima evolución de la pandemia a la irresponsabilidad ciudadana. Y la segunda decisión ha sido limitar la gestión de la pandemia a medidas restrictivas. Las principales medidas y debates no han sido cuánto, dónde y cómo invertimos en sanidad, sino cuántas personas pueden acceder, dónde y cómo. Se podían haber priorizado los cuidados y, para ello, además de medidas restrictivas, adoptar otro tipo de medidas, como aumentar el número de rastreadores, ofrecer autotest de antígenos gratuitamente, proporcionar los recursos necesarios para que la población pueda cumplir los confinamientos, reforzar la atención primaria y el sistema sanitario público en general, dignificar las condiciones laborales del personal sanitario, etc., sabiendo que cuanto más se tomaran este tipo de decisiones, menos medidas restrictivas se necesitarían. Pero en su lugar han limitado su no-gestión a las mencionadas medidas restrictivas.


El independentismo de izquierdas acertó desde el principio con la reivindicación por el cuidado colectivo y la sanidad pública de calidad. Durante los primeros días de la pandemia, Sortu y EH Bildu hicieron un llamamiento al confinamiento y a cuidarnos. En los momentos más duros, pueblo a pueblo y barrio a barrio, hemos tenido que organizar redes de cuidados en nuestro pueblo, y sin embargo, son miles y miles los ciudadanos y ciudadanas que se han muerto durante este periodo. Y todo esto, como hemos mencionado, mientras nos decían que estábamos preparados para hacer frente a la pandemia. Y así hemos llegado ya a lo que se llama la sexta ola.


A menudo tenemos que caer por segunda vez para no caer en el mismo sitio. Pues bien, en el caso de nuestras autoridades, no solo por quinta vez sino, antes de la sexta ola, hace dos meses miles de trabajadores sanitarios (enfermeras, rastreadores...) fueron enviados al paro por considerar que había pasado lo peor. Así que la sexta ola nos ha pillado tan "preparados" como la primera ola. Y no, la "culpa" ya no es de la pandamia, sino de sus políticas. Porque sólo ellos han abordado, durante largos años, una política decidida a favor de la demolición del sistema público de salud. Porque sólo ellos han priorizado los intereses económicos de unos pocos en detrimento de la salud y las necesidades económicas de una amplia mayoría. Porque sólo ellos han abordado una política informativa muy deficiente a lo largo de toda la pandemia. Y porque sólo ellos siguen adoptando medidas de dudosa eficacia (pasaporte Covid, mascarillas al aire libre...) y evitando medidas realmente eficaces (aumentar el número de rastreadores, reforzar la atención primaria...).


En este sentido, son conscientes de que el pasaporte Covid no es eficaz para evitar contagios, incluso en algunos momentos puede provocar una falsa sensación de seguridad (el pasaporte Covid sólo sirve para promover la vacunación y durante un periodo limitado de tiempo, ya que a partir de ahí deja de ser útil incluso para eso). O como la obligatoriedad de la mascarilla al aire libre que no es eficaz, porque se ha demostrado que el mayor riesgo de contagio se produce en interiores sin ventilación adecuada. En cualquier caso, uno y otro les están siendo una herramienta muy eficaz para otro fin: el pasaporte Covid es una cortina de humo para ocultar la vergonzosa gestión de la pandemia y el lamentable estado de la sanidad pública.


El pasaporte Covid se centra en la libertad individual. Sin embargo, el paradigma del cuidado tiene como objetivo y punto de partida la salud y las libertades colectivas. El derecho a la salud es una de esas libertades colectivas; si todos y todas no somos dueños y dueñas de ese derecho, se convierte en un privilegio. Casi toda la ultraderecha del mundo ha salido a la calle contra el pasaporte. El último, esta misma semana, el partido fascista español VOX. Su objetivo es capitalizar la indignación ciudadana. En nuestro caso también hay ciudadanos que han salido a la calle. El enfado es comprensible, pero nos preocupa que se centre en esa cortina de humo llamada pasaporte Covid. Y también la concepción liberal e individualista de la libertad que se está imponiendo de la mano de la proclama antipasaporte Covid.


Lo que está en juego aquí es mucho. Aquí se está jugando la oportunidad de visibilizar las consecuencias de las políticas neoliberales en la educación y/o la sanidad. Aquí lo que se está jugando es la importancia del sector público y de los servicios públicos para hacer frente a las múltiples crisis que vivimos (sanitario, cuidados, ecológico, económico). Aquí se está jugando quién va a apoyar el sector público en esta lucha entre el capital y la vida. Aquí y ahora se está debatiendo y jugando cómo se van a dar todas esas luchas en nuestro país. Aquí, además, hay una mayoría a favor de la transformación social y política, tenemos unas relaciones de fuerza adecuadas para avanzar en estos retos. Tenemos una oportunidad que debe llevar a los sectores del cambio a actuar con responsabilidad e inteligencia. Que la cortina de humo no oculte el tamaño de la batalla que se está dando. Como en la fábula conocida, no nos detengamos a observar el dedo del pasaporte Covid.


Ante la crisis sanitaria, el cuidado colectivo y las vidas al centro:

1. Si hay que restringir los derechos de las personas individuales (y hay que hacerlo con frecuencia, porque los derechos individuales deben entenderse dentro de ciertos contratos colectivos; porque la libertad colectiva exige, en ocasiones, una restricción de las libertades individuales; y porque los derechos y libertades no universales no son derechos o libertades, sino privilegios) es porque está en juego la salud de todos y todas, en beneficio de todos y todas, suficientemente justificada, razonada y respondiendo a la lógica del cuidado mutuo y de la libertad colectiva. No para fingir que se está haciendo algo, menos aún para esconder la falta de voluntad para no hacer lo que se debería de hacer.

2. Que se deroguen las patentes de las vacunas y se priorice la salud de todos frente al negocio de unos pocos. Si no se acelera la vacunación en todo el mundo, las nuevas variantes del virus nos pondrán constantemente en peligro. La vacuna es la herramienta más eficaz para combatir la pandemia en estos momentos.

3. Impulsar la información y las actitudes y políticas preventivas: contratar a los rastreadores y garantizar los recursos necesarios para desarrollar su labor. La única opción para evitar la septima ola es ir por delante del virus.

4. Fomentar la instalación de medidores de CO2 y el uso de la mascarilla en interiores. Distribución gratuita o en función de la renta de los test de antígeno.

5. Si estamos ante una crisis sanitaria, hay que invertir en salud: contratar médicos y enfermeras para hacer frente a la grave situación de COVID que vivimos y también para garantizar el servicio público de atención primaria que se está derribando y que es fundamental. Asimismo, reforzar los servicios sanitarios para hacer frente a los problemas que la pandemia está afectando a la salud mental.

6. Garantizar recursos tanto económicos como de otro tipo para los sectores más desfavorecidos, así como proporcionar los recursos necesarios para que toda la población pueda cumplir con los confinamientos (habitaciones de aislamiento, medios o protocolos que posibiliten la conciliación...). También aumentar la frecuencia de transporte público para evitar masificaciones.

7. En este sentido, los factores de clase, género y raza son determinantes para las consecuencias de la pandemia en cada persona. La adopción de cuanquier medida que se tome, exige considerar estos factores y garantizar una gestión socialmente justa de la pandemia.

8. El COVID ha acelerado las crisis (ecológica, de cuidado, económica y social) y nos ha sumergido en tiempos de grandes cambios. Tenemos que abordar esta situación como país y de manera democrática, nos estamos jugando mucho.


Por todo ello y por encima de todas las cortinas de humo, llamamos a toda la ciudadanía a participar en las movilizaciones a favor de los servicios públicos. Defendamos la atención primaria y la salud pública. ¡Viva el pueblo (que se cuida)!

La primera decisión ha sido quitarse de encima la responsabilidad e individualizarla, es decir, actuar como si la lamentable situación de la sanidad pública no fuera de su incumbencia.
Nos preocupa la concepción liberal e individualista de la libertad que se está imponiendo de la mano de la proclama antipasaporte Covid.
Hay que invertir en salud: contratar médicos y enfermeras para hacer frente a la grave situación de COVID que vivimos.