Después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos haya ratificado que los cinco condenados en el caso Bateragune no tuvieron un juicio justo, SORTU ha ofrecido una valoración ante los medios con la presencia de cuatro de los encausados (Sonia Jacinto, Rafa Diez, Arkaitz Rodriguez y Miren Zabaleta). El quinto, Arnaldo Otegi, no ha podido comparecer por encontrarse fuera. He aquí lo manifestado por Arkaitz Rodriguez:

 

El día de ayer fue un día negro para el estado español; las dos sentencias que conocimos lo han retratado como un estado profundamente antidemocrático, en el que se instrumentaliza la justicia en defensa de la unidad de España y de la élite económica. Y esto corrobora el análisis de la izquierda abertzale en los últimos 40 años en relación a la naturaleza del estado español, y a la necesidad de una ruptura democrática con el mismo en beneficio de los sectores trabajadores y populares.

En relación a nuestra sentencia, y antes que nada, queremos manifestar nuestro más sincero agradecimiento a las miles de personas y organizaciones que aquí, en Euskal Herria, en Catalunya, en el resto del estado y a lo largo y ancho del mundo nos han mostrado su solidaridad durante todos estos años.

Esta sentencia demuestra que durante todo este tiempo nosotros hemos dicho la verdad, y el Estado ha mentido. Con nuestra detención y encarcelamiento el estado trató de impedir el cambio de estrategia de la izquierda abertzale. Trató de impedir que la izquierda abertzale transitara de una estrategia político-militar a una estrategia exclusivamente política y democrática. Trató de impedir, en definitiva, que la mayoría soberanista existente en el país pudiera operativizarse en términos políticos e institucionales. Para ello, construyó un relato falso, al que, mediante un juicio-farsa, luego dio ropaje jurídico.

Ahora están haciendo exactamente lo mismo en Cataluña. El proceso que se sigue en el Supremo y en la Audiencia Nacional contra los líderes independentistas catalanes tiene exactamente las mismas características y los mismos objetivos que tuvo el proceso en contra nuestra. Se trata de un auténtico Bateragune catalán.

Ahora como entonces se instrumentaliza la justicia, se construye un relato falso, que pasa por proyectar la idea de que los encausados actuaron al servicio de una estrategia violenta, y, mediante un juicio farsa, se trata de dar un ropaje jurídico a lo que no es más que una decisión política. Ahora como entonces el poder judicial da soporte a una estrategia de estado. Porque el problema no son Murillo o Llarena, el problema es toda una estrategia de estado al servicio de un determinado proyecto político. Y ahora como entonces el objetivo no es otro que neutralizar la voluntad mayoritaria de la sociedad catalana.

La pregunta es ¿por qué actúa el estado de esta manera? El estado español no tiene oferta democrática ni para Euskal Herria ni para Catalunya, y ante su incapacidad de seducción democrática de una mayoría de la sociedad vasca y catalana recurre al GAL judicial, a la instrumentalización de la justicia, al retorcimiento de las leyes, a la brunete mediática, a la represión pura y dura… En definitiva, a la fuerza, a la violencia.

Porque la instrumentalización de la justicia es violencia, el retorcimiento de las leyes con fines políticos es violencia, la actual política penitenciaria es violencia, y qué duda cabe, lo que hizo el 1 de octubre del año pasado en Catalunya es violencia.

Hay que decirlo alto y claro: el único que utiliza la violencia para imponer su proyecto político tanto en Euskal Herria como en Catalunya es el estado. Y hay que decirlo alto y claro también, esto viene sucediendo independientemente del color político del gobierno de turno.

El Estado tiene que abandonar su estrategia violenta, tiene que hacer su propio tránsito a vías políticas y democráticas, tiene que dejar de utilizar la violencia para tratar de imponer su proyecto político: la unidad de España. El Estado tiene que desmontar todo su arsenal represivo, toda la excepcionalidad legal y judicial… Y tiene que dejar de utilizar a los presos, tanto vascos como catalanes como rehenes políticos.

Y el Estado tiene que reconocer los derechos nacionales y asumir la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca y catalana.

Para ello, en esta encrucijada histórica, vascos y catalanes hemos de unir fuerzas y concertar estrategias, en el terreno electoral, institucional, político y social ante Madrid y ante Bruselas. Porque el estado español no va a realizar ese tránsito de forma voluntaria. Y porque, como dice la canción, si tiramos juntos, seguro que cae.

Llamamiento a la confianza. No lo consiguieron entonces, y no lo van a conseguir ahora: vascos y catalanes vamos a ganar esta batalla por la paz, la democracia y la justicia.

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